Cuando me veas triste, pensativa o nostálgica,
con las dos manos juntas, en extraña actitud,
la mirada hacia el cielo, profundamente extática,
háblame en esa forma que solo puedes tú.
Cuando me torne triste bajo el extraño signo,
tú que comprendes tanto me puedes consolar,
llévame a ver las olas de velo blanquecino,
quién sabe los collares que enhebrará la mar.
Yo me sentiré en calma bajo ese fino encanto,
las olas, para mi alma, tienen un conformar,
es de allí donde surgen los ritmos de mi canto,
y estoy acostumbrada su música a escuchar.
Amado de mis sueños, de todos mis cantares,
tus manos son palomas que incitan a soñar,
une tu voz al raro misterio de los mares
y lograrás entonces, mis penas mitigar.
Milka L. Curbelo
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